Una dosis de sentido común

Una dosis de sentido común

Luis Valdivia

Odio la tambora… ¡Y a los Pitufos!

08 Agosto 2018

Por: Luis Valdivia *

Mi cantante favorita de todos los tiempos es Barbra Streisand, seguida por Donna Summer (en estricto orden alfabético, por supuesto). También soy “fans” (como dicen en el norte) de Frank Sinatra, Kenny G, Yanni, Antonio Carlos Jobim, Tchaikovsky, Guadalupe Pineda y el Mariachi Vargas de Tecalitlán, entre otros. Mis gustos son eclécticos, lo sé. No me juzguen.

Sin embargo, evito la tambora, la música norteña, grupera, la banda, y cualquier otro género que sea clasificada en forma homogénea como “Música Regional Mexicana”. Realmente no la odio (ni a los Pitufos), el título es una exageración y una tramposa táctica para atraer la atención del lector. Pero, digamos, no la escucho en forma voluntaria. Tampoco comprendo por qué es el género musical de mayor popularidad, aceptación y rating en México y los Estados Unidos (entre radioescuchas hispanoparlantes).

No entiendo porqué los corridos y canciones similares atraen, como abejas a la miel, a miles de aficionados hacia un sinnúmero de conciertos con lleno total. No entiendo porqué se divierten tanto, y porqué salen con una sonrisa en la cara, deseando que la música no hubiese terminado.

Y me cayó el veinte… “No entiendo”… Y ese es el problema… ¡Ese es Mi Problema!

Eso mismo pasa con personas devotas a su propia religión, quienes critican las demás creencias. Sucede también con ciudadanos (y ciudadanas) quienes apasionadamente defienden su ideología, mientras hacen trizas a quienes se oponen a sus principios. Y no se diga de las personas que solo aceptan la heterosexualidad como la única y exclusiva orientación sexual posible. Los tres temas a evitar en una conversación!

“Lo que rechazamos en los demás, es lo que nos disgusta de nosotros mismos,” dicen por ahí. Una de mis banderas es la de inclusividad, diversidad, igualdad, aceptación y tolerancia, exhortando con quienes tengo contacto a “vivir y dejar vivir”. Si eres católico, por ejemplo, y te topas con un testigo de Jehová, no lo critiques, ni lo juzgues, y mucho menos trates de convencerlo, déjalo ser; y si no lo comprendes, no importa. Tampoco es necesario que le hagas el favor de “aceptarlo”, no tienes nada que aceptar, es su vida, no la tuya. La única recomendación es que lo toleres; vaya, que lo dejes ser, ya que no tiene obligación alguna de ser como tú. Si tú consideras que tu religión es la acertada, te tengo noticias: él piensa exactamente lo mismo de SU religión.

Lo mismo aplica tratándose de política o de la intimidad de las población. ¿No crees en mi ideología política? ¡No importa! Ambos recibiremos los beneficios o las consecuencias de nuestras propias creencias. ¿No estás de acuerdo en las parejas del mismo sexo? ¡Tampoco importa! Tú continúas teniendo el derecho de tener una pareja del sexo opuesto. ¡Que no te preocupe!

Pero, regresando a la música de tambora. Por lo visto necesito practicar lo que pregono. Es evidente que el género musical no. 1 en español causa felicidad en millones de personas. ¿Por qué? No lo sé. Pero, ¡no importa! Mientras y yo tenga el derecho de continuar escuchando a la Streisand, tendré que aprender a tolerar gustos musicales diferentes a los míos, sin juzgarlos, aunque no los comprenda.

* Luis Valdivia es Especialista en Mercadotecnia Multicultural en los Terrenos de la Feria en Del Mar, conductor de los programas en línea “Una Dosis de Sentido Común” y “We’ll be right OUT!”, así como co-fundador del evento “Out at the Fair”, dirigido a la comunidad LGBT. Su dirección electrónica es lvo@luisvaldivia.com

 

 

 

 



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